“Hoy, a pesar de la distancia,
no hay que perder este gran don,
que es la escucha y la conversación”.
Cristina Pacheco
Así, como quien no quiere la cosa, nos encontramos en los últimos días de este año 2025.
Y se nos hace un ejercicio, casi involuntario, el de hacer un breve recorrido por los meses que han contenido este año. Algo así como un recordatorio de lo que ha sido, de qué punto partíamos y en qué punto estamos.
Mucha gente hace balance. Piensa demasiado en lo que pudo haber hecho. Se da cuenta de las promesas y propósitos propios que se puso y cuáles han fracasado. Miramos los pies y contamos los kilómetros recorridos, olvidando a veces que esos pies son más sabios, más fuertes, han caminado por lugares inimaginables y de algún modo, nos han llevado hasta donde estamos hoy.
En ese camino nos habrán salido heridas, habremos cambiado de calzado. Incluso puede que les hayamos echado la culpa por no llevarnos por el camino por el que queríamos o les hemos prestado nuestros zapatos a otro para que se de cuenta de que todo cambia cuando no es lo que conocemos y vivimos de primera mano.
Al final, en este mes de diciembre, un mes donde todo invita al recogimiento, donde nos ayudamos de luces externas para evitar que se apague la nuestra, donde nos juntamos, vemos, recordamos… hablamos con perspectiva de unas metas. Unas metas que parecen llegar a su fin en este mes. Algo así como un contador nuevo.
Porque parece que enero es el mes de los comienzos. El mes de las promesas y los propósitos. Y claro, tenemos todo muy cerca y muy lejos a la vez. Marcamos fechas en el calendario. Sentimos que el tiempo sigue su curso. Y ahí estas tú, con la libreta, anotando lo que te gustaría ver cumplido este año. Tachando lo que has conseguido en este.
El día 31 de diciembre es el punto y seguido de una línea temporal en nuestra vida. Un nuevo comienzo que para muchas personas es literal. Y entonces hablamos de «feliz nueva vida».
Sin embargo, vuelvo al símil del principio. Nada empieza de nuevo y todo empieza a la vez. No somos las mismas que hace un año, ni siquiera las de ayer. Cada paso, incluso los torpes, nos ha ido transformando. Hemos cambiado de piel, de mirada, de calzado… y aun así, seguimos caminando.
Y quizá ahí esté la verdadera promesa del año que llega: entender que no hace falta tenerlo claro, ni cumplirlo todo, ni llegar a ninguna parte concreta: basta con seguir. Con mirarnos con un poco más de paciencia., de cariño y de admiración por todo lo que estamos haciendo.
Seguimos. Y en cada paso, en cada giro y en cada pequeño cambio, la vida nos regala nuestra “feliz nueva vida”: no un comienzo de cero, sino un tejido de instantes que nos transforman suavemente, recordándonos que todo sigue y todo cuenta.
Que tengas una buena salida de año y que el 2026 te lleve por esos caminos que te hagan crecer.
Mis mejores deseos. Nos leemos en breve,
Con amor,