Calma en el alma

Calma en el alma

Hoy os voy a hablar de la felicidad silenciosa. Esa plenitud que no necesita grandes gestos, ni aplausos, ni ser compartida en redes sociales para ser real. Es una sensación de estar en el lugar correcto con las personas correctas, donde todo encaja sin necesidad de hablar.

Cuando no hay nada urgente, ni presencias obligadas. Donde la verdadera felicidad es disfrutar de lo que tienes, con quienes quieres y donde deseas.

Os escribo desde el jardín de casa, mientras mi hija pone todo por medio, aprendiendo de la vida, viendo con ojos nuevos un mundo viejo. Donde esa prisa por querer tenerlo todo en el instante da paso a un aprendizaje lento y lleno de entusiasmo. Y eso sin duda, es la mejor herencia que podemos dejarle a nuestros hijos: que sepan aprender que la vida, dentro de sus sombras, es importante aprender a encontrar la luz.

Y esa luz, no debe depender de fuera sino encenderse desde dentro.

Esa luz interna es, en realidad, el refugio que construimos para los días de lluvia, de tormenta o de tempestad. Porque cuando aprendemos que no necesitamos el ruido del mundo para sentirnos valiosos, descubrimos la verdadera Calma en el Alma.

Es complicado alcanzarlo. Y más aún mantenerlo en el tiempo. Porque no todos los días hacemos lo que queremos. Porque no hay veces que personas se cruzan y nos transfieren esas energías que contagian y nos acompañan. Pero hay que hacer un acto de valentía y evitar en la medida de lo posible que eso termine formando parte de nuestro día.

Es una serenidad que no nace de la ausencia de problemas, sino de la presencia de uno mismo en su propia vida. Es entender que el desorden en el jardín es una señal de crecimiento, y que el silencio compartido con quienes amamos es la conversación más profunda que existe. Al final, enseñarles a ellos a encender su propia lámpara es asegurarles que, incluso en las noches más cerradas, nunca caminarán a oscuras.

Porque la paz no se encuentra al final del camino, sino en las pausas que hacemos cada día para agredecer y ser consicentes.

Vivir en paz es la mayor conquista. Nos leemos en breve.
Con amor,

Inma.

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