«En la vida ocurre todo lo que tiene que ocurrir y,
al final, todo encuentra su lugar».
Sándor Márai
El verano pasa muy rápido. Los cálidos días abrigan la piel con sabor a sal, atardeceres, hielos y pies mojados. Invita a desconectar, despejarse y reconectar, a leer, viajar y por qué no, soñar con esta pequeña pausa para abrazar más fuerte, sentir más intenso y querer con más ganas.
Ciertamente la rutina nos absorve y seguimos transitando cada día con las prisas de los atascos, de quienes parecen ir con más lentitud de la cuenta en nuestro camino y nos estorba, ruidos de estrés y conflictos varios, coches aparcados en doble fila, obras en la ciudad… Y ahora es como que la huida hacia lugares recónditos o más frescos deja ya en el pasado el cartel de «cerrado por vacaciones» que sabe a verdadera desconexión con la vuelta a la rutina, colegios y caras largas varias.
Es ahora cuando una tiene la mente en calma, saboreando cada momento y disfrutando cada instante, cuando asientas creencias, adquieres mayor confianza y sabes que verdaderamente las cosas vienen cuando estás preparada para ello. Y hablo especialmente de la actitud que tenemos ante determinadas situaciones de la vida.
Hemos tenido terremotos, tormentas y demás fenómenos meteorológicos que nos ponen los pies en la tierra: estamos aquí, somos frágiles, indefensos y estamos a merced de la vida. Acabamos de recordar que hace 25 años una potencia mundial como es Estados Unidos se desquebrajó por completo con una sensación de impotencia que ha dejado un vacío que sinceramente, nunca se cerrará.
Todos llevamos heridas en nuestro cuerpo en forma de cicatrices que más o menos cerradas, más o menos curadas, nos recuerdan una palabra: confía. Porque la fe está precisamente en creer en aquello que no vemos, en transitar por un futuro que desconocemos. La verdadera paciencia está en considerar que saldrán las cosas, que al día siguiente podremos hacer todo lo que quedó pendiente el día anterior y por supuesto, que el sol, aún en los días nublados, volverá a hacer acto de presencia.
Y como septiembre es prácticamente el inicio de un nuevo curso, os deseo que todos esos propósitos que siempre nos anotamos en la nueva agenda se hagan realidad. Propósitos que en gran medida dependen de nosotros aunque siempre hay factores que dependen de algo superior, y aquí que cada cual, le de el nombre que considere.
Confiar es un acto de fé. Pero también de esperanza. Y la esperanza, como decía Aristóteles, es un sueño despierto.
Feliz regreso a la vida. Feliz regreso a la rutina.
Con amor,
I.