VIDA SIN PRISAS

Vida sin prisas

«Que todo pasa. La vida de repente me alcanza.
Que estoy cansada. Mi mente necesita de calma.
Que todo cambia. Mi mundo siente que se va a acabar porque esto ataca»
Carla Morrinson-Todo pasa.

Vida sin prisas

Está el día gris. Mientras escribo en el Blog el cielo está plomizo. La taza llena de té. El humo sale danzando camuflándose con el aire. Tengo una manta echada por encima de las piernas y el portátil apoyado en el brazo del sofá.
Es domingo. La vida ha ido desacelerando esta mañana hasta que he decidido que quería hacer un paréntesis y poner algo de música mientras dejaba de ver los dígitos del reloj correr. Por eso quizás, lo segundo que hago al llegar a casa es quitarme el reloj y dejarlo sobre la estantería.

Me he soltado el pelo y he puesto una vela aromática de fondo. De las que te transportan. Los pirómanos de corazón sentimos cierto placer al ver consumirse la llama. Un paralelismo erótico entre arder, consumirse y renacer.

Lo cierto es que muchas veces es necesario «programar» una parada. Y es como si en esta época del año, la vida nos invitara a ello. Como si nos pidiera resguardarnos en esa guarida a esperar. Como el lobo que acecha a su presa. Aunque la presa sea más astuta. Aunque al final el verdugo, sea la víctima.

Parar no implica bajarse del mundo. Ni dejar de hacer cosas por no hacer nada. Parar es simplemente saborear cada momento dejando las prisas y la rapidez para las carreras. Poner el móvil en silencio o modo avión. Es dedicarte 5 minutos a hacer eso que por la rutina dejas para otro momento.

Vida sin prisas es estar en el aquí y ahora. Poder ser consciente de que todo tiene su momento, su instante preciso. No querer adelantar el reloj ni pretender que se pare.
Simplemente es acompasar nuestros pasos, como una coreografía al paso del tiempo. Respirar profundamente y sentir que aun pudiendo hacer muchas cosas (gracias a los sobreestímulos que recibimos a cada instante), solo estas saboreando este segundo.

Y por eso quizás me gusta tanto el otoño. Es la época del año en la que se desnudan los árboles, las noches se hacen más largas para los poetas y bohemios. Es tiempo de calabazas, castañas y pasteles hechos al horno que llenan la estancia de ese olor a casa que muchos anhelan.

El otoño vive cada hoja caida. En el manto que cubre la ciudad. En cada sorbo de té. Al final, es la estación que nos invita a ser pacientes y a confiar en que todo debe cambiar. Es la melodía del encuentro. El prólogo del principio. La palabra lanzada sin viaje de regreso. Los acordes arrancados a la guitarra recostada en la cama.

Nunca he visto un árbol pidiendo a la hoja que se quede más tiempo. Los dos aceptan el fin del instante. Saborean el momento justo antes de desprenderse. Y aprenden a marcharse, a veces sin despedidas.

Amo la vida sin prisas. A pesar de lo que vivimos. A pesar de lo que nos obligan. Está bien por un ratito apagar el televisor y mirar el cielo. Ahí encontraras las respuestas que a veces esperas necesitar.

Ama lento. Come despacio. Viaja sin prisas. Sálvate. Y aprende a ser hoja en otoño. La primavera te colmará de flores.
Nos leemos sin prisa en breve.
Con amor,
I.

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