Y que sea lo que tenga que ser

Y que sea lo que tenga que ser

Ese lugar son tus manos.

Uno. Otro. Así día tras día. Una melodía sonando de fondo un domingo cualquiera mientras al otro lado de la calle el mundo se contiene de salir corriendo, de abrazar con ganas, de besar sin miedo, de reír a pleno pulmón, de ser como creíamos que seríamos siempre. Pero no. Ahora no.

Vibra el móvil y hay veces que lo hace con más intensidad que lo que llegamos a sentir. Forzarnos a que las cosas sean por el simple hecho de que creemos, tenemos fe en ellas, lo mismo que en ciertas personas. Mirar con los ojos cerrados allá donde los demás no se atreven y sentir en lugares que desconocíamos que existían. Mapas que marcan el terreno y cruces que nos indican el lugar prohibido.

En aquel café que se enfriaba había un mensaje que decía: «aquí no es, pero puedes quedarte mientras sientas que la soledad te hace compañía». Lo escribí justo antes de ir al baño por si a alguien le hacía falta encontrar esa señal. Y desde entonces son muchas las que me piden cada noche unas letras que les calme en medio de la tormenta.

Puñetazos que son lanzados al aire para aturdir a los miedos que nos persiguen. Luces apagadas para que el amor no nos encuentre. Rozaduras en los pies porque sabemos que esos zapatos no nos pertenecen, porque ponernos en el lugar del otro no siempre es posible.

El reloj sigue su curso y muchas lucecitas diminutas en esta gran ciudad, sin que tu lo sepas, están pensando en ti en este preciso momento.

Mientras unos se encierran por obligación otros lo hace por devoción. Mientras a unos les piden silencio se lanzan a dos manos sin parar a un teclado para que no se les haga un nudo tan grande que sea la soga que termine por ahorcarles. A un lado están los que vuelan y al otro los que ven como lo hacen los demás.

Ya. Este caos está perfectamente estructurado en medio de un domingo próximo al último del año. Todo pasará cuando menos lo esperemos pero mientras toca vivir. Entre conversaciones se esconden líneas inocentes decentemente expuestas.

Te recuerdo. Y me acuerdo de cada una de las cosas que hemos dejado por hacer. Por esos brindis que se lanzaron al aire y se esfumaron, los planes que no salieron de las cuatro paredes donde se forjaron, las cosas echadas a la cesta que se quedaron en una esquina escondidas, la botella de vino y las intenciones dentro de ella.

Vivamos, sí. Y que sea lo que tenga que ser. Con su principio y su final, con sus miedos y evidencias. Echando de más y de menos. Pasando página y tirando la historia por los aires. Mirando la agenda y las fechas que se quedaron en blanco me doy cuenta de que no podemos dejar para un día que no existe algo que realmente queremos ahora.

La paciencia tiene un límite, lo mismo que la esperanza. Y el mundo tiene su cara y su cruz. Tú tienes tus luces que te hacen tan brillante y esas sombras que muy pocos conocen. Esas que han enamorado a letras que tachón tras borrón ahí persisten.

Vivamos y que sea lo que tenga que ser. Con un contigo y un sin ti.

Nos leemos antes de Navidad. Mañana solsticio de invierno. Abrigaos, buscad refugio en esa cueva a la que siempre vais sin temor a perdeos.

Con amor,

I.

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