Donde la cabeza se inclina, el corazón, camina.

Donde la cabeza se inclina, el corazón, camina.

«Los cerebros están llenos de palabras que viven en paz y en armonía con sus contrarias y enemigas.
Por eso la gente hace lo contrario de lo que piensa creyendo pensar lo que hace».
José Saramago

Corre una suave brisa que se adentra por mi balcón casi sin pedir permiso. Son esos pequeños placeres de la vida que aprecias desde la cama, con el portatil entre las piernas y con el móvil en «modo avión» encima de la mesita de noche.

No estás. Existes pero no quieres que nadie te encuentre. Desconectar para conectarte, para respirar profundamente y vivir tu vida, esa que muchos no conocen, la que muchos imaginan.

Estaba hablando sobre los cambios que nos da la vida, sin avisar, como suelen suceder la mayoría de las cosas que nos sorprenden de repente. Y es que por más que nos empeñemos o queramos manejar todas las variables, siempre nos presentará el día a día esa incertidumbre propia de quien vive.

Podemos controlar lo que pensamos, pero, ¿debemos? ¿Y lo que sentimos? ¿Qué hacer cuando permanecemos demasiado tiempo en un lugar que no nos corresponde? ¿Cómo marcharnos sin dar un portazo ensordecedor a aquello que llevamos tiempo sabiendo que no somos?

Me rodean demasiadas personas que están sin estar, aún sabiendo que quieren estar en otro lado. Veo a mi alrededor esa parte de mi que ya se marchó porque aprendió que donde no seas tú, no te quedes.

Pero hablamos de inversiones de tiempo, de expectativas que quizás, en un hipotético cambio de rumbo, nos lance al otro lado. Y veo que perdieron ese brillo propio de unos ojos ilusionados, que envolvieron su corazón en una coraza y salieron despiadadamente con una espada en la mano dispuestas a lanzarse contra ellas mismas.

Aferrarnos a la idea en lugar de a la acción. Repetir esa canción porque en su día nos hizo volar. Coger el volante, pisar el acelerador y dejar que el viento, a mayor velocidad del que ahora se deja asomar hasta mi sitio, nos lleve donde realmente queremos ir.

Hablando con mi amiga Laura estos días atrás, entre esos audios cotidianos, comprobamos que aunque no seamos conscientes de ello, cambiamos a pasos de gigante día a día. Y aprendemos a caminar con la tranquilidad de quien sabe que si una vez sucede quizás sea cosa del destino, pero la segunda vez es elección propia. Lo que sucede, conviene.

El corazón no siempre manda aunque palpite. La cabeza siempre está por encima de todos y todo. Y la intuición habla avisando de que si no aprendes, volverá para recordártelo hasta que aprendas la lección.

Donde la cabeza se inclina, el corazón, camina. Al lugar al que quieras ser feliz, prepara el billete de embarque. Si ya sabes cuál es tu próximo destino, quita de la mochila lo que no necesites. Y si pasa el tren y aún no te has subido, recuerda que a esta estación llegan, cada día, miles de nuevas oportunidades.

Os deseo un feliz mes de agosto a quienes estéis de vacaciones, a quienes queráis perderos y a los que os habéis encontrado. Nos leeremos en breve.

Con amor,

I.

Donde la cabeza se inclina, el corazón, camina.

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